Historias de la Axarquia

La Batalla de la Axarquía


En 1492, finalizada la Guerra de Granada, las tierras que rodeaban Chilches fueron entregadas a Garcí Fernández Manrique.

En lo que concierne a nuestra tierra, las primeras referencias a éste, marqués de Aguilar de Campoo, y de su hijo, Bernardino Manrique de Lara, primer Señor de Frigiliana, las encontramos en el Desastroso Episodio de la Batalla de la Axarquía.

(*) En el invierno de 1483, las disensiones en el reino nazarí, entre los malagueños partidarios del sultán Muley Hacén, y los granadinos, partidarios de su hijo Boabdil, hizo creer a los Grandes de Andalucía en su fortuna y reunieron crecida hueste.


«E ficieronlo saber á D. Juan de Silva, Conde de Cifuentes... é á D. Alonso Señor de la Casa de Aguilar... é á Don Pedro Enriquez, Adelantado del Andalucía... Juntáronse asimismo con estos caballeros Bernardino Manrique, fijo de Garcí Fernandez Manrique... é Juan de Robres, Alcayde e Corregidor de la ciudad de Xerez».

Con alegre resolución se disponían a marchar. Pudieron aprestarse 2.700 lanzas muy escogidas, pero escaso número de peones.

Los sevillanos de la capitanía del Conde de Cifuentes intentaron recuperar el castillo y villa de Zahara; pero, no consiguiéndolo, quisieron a toda costa agregarse a las fuerzas que se encaminaban a la Axarquia.

Unánimes todos en el plan, disentían, sin embargo, en los medios de ejecutarlo. El Marqués de Cádiz proponía atacar repentinamente a la escasa guarnición del alcázar de Málaga. Opinión muy diferente sustentaba el maestre don Alfonso de Cárdenas; y así, el principio de las consultas hizo ya prever a las claras lo desdichado del éxito.



Hallábanse ya apercibidos los moradores de la llegada del enemigo, por suponer que aprovecharía la ausencia de Albuhacén, y, así, se habían refugiado en los sitios más defendidos, abandonando todas sus haciendas a la ventura.

De aquí concibieron los Grandes de Andalucía el deseo de elegir el botín de más fácil transporte, sin cuidarse para nada del futuro peligro. Cuando los moros los vieron ocupados en esta faena, fueron cercándolos ocupando las alturas, seguros de superar con sus reducidas fuerzas a las mayores de los cristianos, sobre todo si las atacaban de noche, cuando se hallaban fatigadas, y en terreno escabroso, en que las vides y arbustos les daba gran ventaja para pelear con el enemigo.


El 21 de Marzo, los cristianos se lanzaron a atravesar un elevado cerro, creyendo que del otro lado ya no corrían peligro. Aunque con dificultad, lo consiguieron; pero abatió sus ánimos y sus fuerzas el verse amenazados de completo exterminio por el enemigo previamente apostado en las estrechas sendas y quebradas por donde habían de pasar. La matanza había comenzado. Lo estrecho del desfiladero les impedía revolverse contra sus escasos perseguidores; aquella multitud caía a cada paso despedazada por unos cuantos moros sin armas, y al ver los infelices la enorme matanza de sus compañeros, especialmente de los peor armados, imploraban misericordia del enemigo, pidiéndole el cautiverio y el aliciente del futuro rescate a cambio de la vida.


Quiso la suerte que algunos citados Grandes pudiesen escapar de aquellas escabrosidades, refugiándose en Antequera. En suma: pasaron de 800 los muertos y casi 1.500, de ellos 400, de noble linaje, quedaron en manos de los moros. También se apoderaron de las armas de los fugitivos y de los muertos, cuyos despojos permitió conservar a los vencedores Albuhacén al volver pocos días después a Málaga. Por módica suma dada a los populares, les obligó a entregar los cautivos más nobles, para procurarse después crecido rescate.

Cuatro años después, el resultado fue totalmente distinto. En mayo de 1487, Vélez caía en manos cristianas y, en agosto del mismo año, los Reyes Católicos hacían su entrada en la ciudad de Málaga.




La Historia la escriben los ganadores. Es debido a ello que no se encuentren motivos iconográficos de la Batalla de la Axarquía de 1483.

(*) Elaboración propia según la Crónica de Hernando del Pulgar y “La Guerra de Granada”, de Alonso de Palencia.




La Axarquía La Axarquía es aquella tierra malagueña que queda hacia donde nace el Sol cada mañana. Es por ello que recibió este nombre en la época en que la lengua árabe, descriptiva como pocas, sirvió para nominar la gran parte de los rincones de este suelo. (ﺔﻳﻗﺮﺷﻠﺁ) “A-xarquía” quiere decir “aquella que está en el xarq, el lugar por donde sale el sol", tal vez por eso sea también una tierra en la que la luz tiene un significado especial. Esta luz, junto con otras riquezas naturales le ha hecho desde antiguo merecedora de la atención por parte del hombre, quien a pesar de su carácter áspero y bravío, supo convivir con ella, sostenerse en sus volcadas laderas de empinadas pendientes para cultivar los campos generando un lugar rico, casi de ensueño, de huertas y regadíos merced a la abundancia en ella del agua de sus montañas.

Los hombres de aquí, los hombres de la luz, nunca supieron adaptarse a las sombras que les llegaron desde fuera con afán de imponerse por la fuerza. Fue entonces cuando el carácter inhóspito de estas montañas más favoreció a sus moradores, haciéndoles fuertes para resistir los embites de la opresión y de la injusticia. En estos barrancos y collados hay escritas historias contrarias al poder establecido que van desde el levantamiento de Ibn Hafsun contra el Califato de Córdoba, allá por el año 900 de nuestra era, hasta los más recientes episodios de resistencia contra la última Dictadura impuesta en 1939; los legendarios maquis de las Sierras Tejeda y Almijara. Aquellos y estos, con más de mil años de distancia en el tiempo, tienen una trascendental circunstancia en común: Todos ellos eran hijos de esta tierra.

Del mismo modo, y entremetidos en ese periplo temporal, se encuentran otros andaluces, los hombres de a-xarqiyya, parte importante del antiguo reino de Garnata, cuya existencia coincidiera con la extinción del mítico Al Andalus sobre la superficie ibérica, una vez que fuese rendido aquel reino a los reyes castellano-aragoneses en las postrimerías del siglo XV.



El Axarco


Tras el éxito de la puesta en circulación de la moneda a finales de los años 80, Antonio Gámez, que se hacía llamar Said de la alquería del Gamal, fraccionó el axarco en axarquillos, billetes de distinto color: dando al axarco el color rojo y un valor de 60 céntimos de euros (cien pesetas), y al axarquico el color marrón y que equivale a 5 céntimos de euros (10 pesetas). También existen billetes de color naranja por valor de tres euros (500 pesetas) y de color azul, que equivale a 5 euros (algo menos de 1.000 pesetas) o a 10 axarcos.

“No existe país ni reino sin su propia moneda. La cantidad de axarcos que se acuñan suele ser discreta, para que no pierda su encanto porque si hacemos demasiadas, pierde ese toque de misterio que la envuelve”, comentaba. Gámez colocó en el anverso del billete la imagen de Ebi Beithar, ínclito botánico y alquimista del siglo XIII, gran visir en el jardín botánico de Bagdag, capital de Irak, a quien la comarca de la Axarquía debe el haber introducido en la zona el cultivo de los cítricos, primero en Benagalbón y luego en el resto de pueblos.
Junto a la imagen de este botánico aparece la leyenda: ‘Antonio Gámez Burgos, Said de la alquería del Gamal’.



En el reverso de los billetes se puede observar la imagen de Felipe II, cuyo reinado estuvo marcado por la rebelión de los moriscos en la comarca axárquica, y el Peñón de Frigiliana, símbolo de estos importantes acontecimientos históricos.


Los dibujos fueron realizados por el pintor veleño Antonio Belda, que tomó como modelo del visir Ebi Bithar al dueño de las conocidas cevercerías Oasis Antonio Molina.
Asimismo, Gámez -que se consideraba descendiente directo de las 30 familias de axarcos que, protegidas por el duque de Osuna, quedaron en Comares, tras librarse de la matanza que se produjo tras la rebelión de los habitantes de la zona- se encargaba de firmar de puño y letra los billetes para evitar falsificaciones.

En la antigua muralla árabe de Vélez-Málaga, en un mosaico, reza una frase de Antonio Gámez Burgos: ‘Axárquicos, recordad a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos que en esta batalla (la de la vida) venció la virtud de nuestra estirpe sobre la ambición de nuestros enemigos’



Fiestas y Tradiciones

Las fiestas de Navidad , con pastorales recorriendo el pueblo y los campos. Los bailes , con acordeones, a cuyo compás bailaban los mozos, cantando villancicos acompañandolo con instrumentos de percusión ,de lo más variopinto, almireces, campanillas, zambotas y botellas de anís vacias de aquellas de cuadritos rascadas con cualquier utensilio que pudiera sacar la nota adecuada.Los mozos y la mozas se reunían en la fiesta con los compadres, para “echar los años” que consistía en establecer algún tipo de relación entre parejas, denominada de compadres, se elegían al azar y que solía durar a lo largo de todo el año siguiente.

Los mozos y la mozas se pasaban todo el año buscando pretextos para organizar bailes o reuniones donde pudieran divertirse y pasarselo bien, evidentemente no existían los pubs. Los bailes se animaban con los acordes de un acordeón, y las parejas bailaban “agarraos” , eran los años de la posguerra.Cuando la ocasión lo requería incluso subían un organillo desde la costa en brazos.


Chilches tiene también su tradición verdialera, como lugar que es de los Montes de Málaga, cuna de este aire musical tan malagueño. Hoy en día ya no se bailan, pero tenían una especial personalidad propios de la tierra chilcheña que le distinguían de los verdiales de otros lugares de Málaga.


Otra fiesta que se celebra es la romería de San José , patrón de la villa.

La vida de Chilches, como la de otros tantos pueblos, siempre había algo de celebrar , un bautizo, una boda, una comunión y siempre con alegría y se celebraban en función de la disponibilidad de la familia interesada.


El noviazgo era una institución , con sus reglas y costumbres centenarias. El novio debía llamar a unos amigos y juntos ir a la casas de la novia, precisamente un martes o miércoles. El novio daba tabaco a todos y de esta forma la familia se daba por enterada de las intenciones del mozo. Pasada la “humareda” los acompañantes se marchaban y el novio debía acercarse a la novia, aunque a veces se interponía entro los dos las madre…Se hacía la declaración :”te quiero, ¿me quieres?”..Y claro había de todo : calabazas , lo pensaré o un sí…. El resultado era celebrado en un bar donde estaban los amigos esperando. Después visita sólo tres veces a la seman y muchos días en blanco si surgía un luto y al fin la boda.

Los jóvenes, la “gente de la patiblanca”, como se les llama por aquí, están muy presentes en cuantas fiestas se organizan. Eran los protagonistas de un peculiar carnaval. Las mozas , recluidas en distintas casas, la noche antes de la fiesta, eran sacadas de buen o no de tan buen grado de sus refugios, sellándoseles la cara previamente con limones cortados y untados con la tizne de fogón. Después de recibir este salvoconducto en la cara, podían circular libremente por la calle. Pero, “¡ay del mozo que encontraran! Le perseguían y cuando era cazado debía desprenderse de una prenda de su vestimenta, que era cambiada inmediatamente por golosinas y alguna cosa que la moza desease.Mozo hubo que se quedó como un Adán, teniendo que recurrir de alguna hoja de parra que hubiera por allí, aunque fuese pequeña, para poder seguir la guasa. Mozas corrían detrás de los mozos , era el mundo al revés(en aquel momento de la posguerra).

En el cementerio de la villa es donde termina esta evocación, los entierros son siempre un acto solemne y una tradición. A veces ha llegado a haberlos hasta con música, si se podía conseguir que alguna orquesta estuviera próxima por fiestas u otros motivos. Los asistentes son despedidos uno a uno por los familiares del fallecido, las mujeres se besan y los hombres se dan muy seriamente la mano o se abraza en medio del gran silencio. Toda la noche anterior el difunto ha sido velado, no cesando nunca la presencia de vecinos que acompañan al familia doliente.
 
 


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